Docán: El pasado nunca queda atrás (2)

“Los humanos no son más que materia a la que las experiencias dan forma sobre el yunque de la vida.”

 

-Aquí tiene buen hombre. -El amable campesino le entregó dos monedas de plata al vendedor, que antes de despedirlo le dijo de donde provenía ese licor.

-¿¡Del valle!? – Exclamó el campesino quitándose el sombrero de paja desgastado que tapaba su calva.

-En efecto caballero. -El vendedor se levantó y sacudió el barril que tenía tras de sí. -Ese era el último trago que quedaba de Dragón Azul…

Al escuchar la conversación que mantenían los dos, el resto de personas que pululaban por el mercado de la ciudad se acercaron prestando más atención.

-Ya decía yo que había probado esa bebida en algún sitio… -La nostalgia invadió al hombre que cogió la mano del vendedor y mirándole a los ojos le preguntó. -¿Y los bandidos?

El vendedor notó las atentas miradas de los presentes que esperaban su respuesta y se encogió de hombros. -Deben haberse marchado.

Ante la noticia de que el valle volvía a ser un lugar seguro la gente empezó a murmurar, y mientras tanto el vendedor ya había guardado en un saco de cuero todas las monedas que había recaudado con el licor de Ruedd.

Antes de subirse a su caballo gris con motas negruzcas, una mujer con armadura plateada se abrió paso a empujones entre la gente y con un rostro lleno de furia golpeó el barril de Dragón Azul vacío con la mano abierta, haciendo que todos guardasen silencio.

-¿Hace mucho que pasaste por allí, viajero? -Clavó sus intensos ojos de color esmeralda sobre el vendedor.

Aquella mujer acabó con la sonrisa del hombre de un plumazo. Docán sintió las ganas que tenía la mujer por desenvainar su arma y tuvo que controlar su espíritu guerrero para no iniciar un combate allí mismo.

-Hace una semana, por lo menos. -La forma de su armadura hizo que el vendedor recordase su hogar. Aquella persona sabía quién era y eso lo inquietaba un tanto.

Ante su respuesta la mujer llevó lentamente la mano izquierda a la empuñadura de su espada. -Mi nombre es Diana, -Sacó lentamente su arma de la vaina. -y tu vas a venir conmigo.

Cuando terminó de sacar la espada apuntó a Docán, que rápidamente golpeó la pata trasera de su caballo haciendo que este saliera de allí. Acto seguido la mujer dio el primer espadazo vertical y el viajero lo bloqueó con su espada envainada, que guardaba debajo de la cogulla.

-Y esos bandidos… -Los dos hacían fuerza para ganar terreno con sus armas. -Se fueron ¿antes o después de cruzarse en tu camino? ¡Eh!

El hombre se limitó a sonreír, agarró su arma con ambas manos y desvió la espada de Diana, que no tardó en volver a por él.

En cuanto empezó la pelea las personas que compraban en el mercado entraron en pánico, y en cuestión de segundos el lugar se quedó desierto.

-Esta ciudad y su gente, -Esquivó dos estocadas que iban directas al cuello. -no tienen nada que ver en esto. -Paró el último ataque cogiendo la vaina de su arma por ambos extremos. -¡Para!

La mujer dio un salto hacia atrás y giró varias veces sobre sí misma, imbuyendo su espada con magia. El pelo oscuro de Diana y sus ojos de color esmeralda empezaban a despertar en el interior de Docán un recuerdo que hacía mucho que no desenterraba.

-Después de todas las vidas que has segado… -El espíritu guerrero de la mujer se hizo más fuerte. -Docán, el Demonio de Raknashi. ¿Ahora te importa la vida de estas personas?

Al no obtener respuesta, Diana levantó la espada en posición horizontal y la sujetó fuertemente con ambas manos. El viajero entendió que ella no iba a parar de atacarle sin importar cuantas cosas o personas pueda romper o herir, así que optó por huir de allí.

La persecución por las calles de Zaacar dejó a más de un habitante con la boca abierta. Desde sus escondrijos podían ver como un hombre vestido con una cogulla negra sostenía una espada en su mano y corría huyendo de una mujer con armadura pesada que lo atacaba sin piedad, y cada vez que alcanzaba algún objeto con su arma, este se congelaba al instante.

Cuando solo un pequeño muro de piedra separaba a Docán de los campos de cultivo que había fuera de la ciudad, un niño se cruzó en su camino justo antes de un ataque de Diana. Muy a su pesar el viajero se paró e interpuso su arma entre el niño y la hoja de su perseguidora. El niño se quedó blanco e inmóvil al ver la muerte desde tan cerca, pero Docán le gritó y el chico salió de allí corriendo y gritando.

-Tu espada… -La mujer arrugó la frente. -No se congela…

El viajero se limitó a mirarla con mucha rabia, puesto que de no haber parado, ese niño habría terminado su vida antes de empezar.

-Esto se te está yendo de las manos… – Docán giró sobre sí mismo, saltó el muro de piedra hacia los campos de cultivo y Diana lo siguió gritando furiosa.

 

Una vez se encontraron los dos en las afueras el viajero se sintió libre de usar su fuerza y no dudó ni un momento.

-Si me conoces la mitad de bien de lo que crees… sabrás que lo que has hecho hoy ha sido un error muy grave… -Rasgó la cogulla de arriba abajo y dejó al descubierto su pecho, junto a unos pantalones grises acampanados, sujetos a la cintura por un fajín verde del que colgaban tiras de seda hasta las rodillas.

Diana ignoró sus palabras y dudó durante un momento si atacar o no, pues vio en su pecho un sello mágico en el cual había dibujada una calavera rodeada de cinco círculos de fuego que giraban a su alrededor indefinidamente.

-El sello de Arcnus… -No podía dar crédito a lo que estaba viendo.

-Así es… -Docán notó como las ganas de pelear de Diana desaparecían casi por completo. -En el sitio de dónde vienes te habrán contado lo que hace esta mierda en el cuerpo, pero no te imaginas lo que es llevarlo encima. -La señaló con el dedo. -Esta es tu última oportunidad, márchate.

La mujer sacudió la cabeza y despejó sus ideas.

-El Rey de Orkam ha subido con los años la recompensa que hay por tu cabeza… -Levantó la espada y esta brilló con fuerza. -No sé qué habrás hecho… pero no es mi problema.

La paciencia de Docán tocó a su fin. Clavó la vaina de su arma en el suelo y cogió la empuñadura con fuerza entre sus manos. Tirando con suavidad sacó su espada de filo curvado con cinco gravados en su hoja que emitían un brillo oscuro que envolvía el arma por completo junto a las manos de su dueño.

-Veamos que sabes hacer. -Docán flexionó las rodillas y un instante después apareció frente a la mujer rugiendo con el rostro cambiado. Su pelo largo se había vuelto salvaje, los colmillos que mostraba al rugir se habían vuelto más grandes y sus ojos marrones se habían vuelto esferas rojas con ondas negras en su interior.

Con el arma sujeta en la mano derecha atacó, generando una fuerte onda que segó el campo entero que había tras la mujer. Diana interpuso su arma entre la espada del viajero y su cuerpo mitigando la fuerza del ataque, pese a ello, salió lanzada por los aires gritando. Docán no le dio tregua, corrió rápidamente al lugar donde iba a caer su enemiga, echó para atrás el brazo con el que sostenía su espada y abrió la palma del otro preparándose para ejecutar su siguiente movimiento.

Diana se estabilizó en el aire y al ver lo que le esperaba en tierra conjuró su magia concentrándose en el suelo bajo sus pies. Acto seguido emergieron del suelo columnas de hielo que obligaron a Docán a moverse y ella usó esas columnas para impulsarse e intentar huir hacia la ciudad, ya que después del primer ataque de aquel monstruo había comprendido su error.

Intuyendo sus intenciones Docán giró su espada sobre la mano varias veces y lanzó una estocada horizontal cortando todos los pilares de hielo de un golpe y derribando a la mujer que cayó al suelo horrorizada temblando.

-Me esperaba mucho más… -La voz de Docán se había vuelto la de un monstruo. -Has defraudado a la espada… y a mí. -Al llegar donde se hallaba Diana encogida el viajero se limitó a guardar su espada en la vaina, que había recogido al dar por finalizado el combate y volvió a ser el mismo a medida que la hoja penetraba en la vaina y desaparecía el brillo oscuro que le había rodeado por completo.

Se agachó para ver a la mujer más de cerca y esta perdió el conocimiento.

-Si… eres la digna hija de Maara…

 

 

Más tarde, en las afueras de la ciudad, un hombre y su caballo se encontraban calentándose al fuego de una hoguera. El sol se escondía lentamente por el horizonte mientras el viajero vestido únicamente con unos pantalones sucios le echaba leña al fuego. Al anochecer la guardia de Zaacar negaba el paso a cualquier persona que no tuviera un salvoconducto firmado por el alcalde de la misma, por lo que el viajero optó por acampar a las afueras pese a las ganas que tenía de poder lavarse y dormir en una cama mullida y caliente.

Sobre su caballo tapada con una manta había una mujer con la armadura abollada y el abdomen al descubierto vendado únicamente con trozos de tela negros de la cogulla del viajero.

La mujer se retorció de dolor haciendo que el caballo sobre el que estaba hiciera el ademán de levantarse, pero su dueño acarició su cabeza y le susurró al oído. -Tranquilo Fero… -Tiró de la manta que tenía Diana por encima y se cubrió el cuerpo. -Nuestra invitada ya se ha levantado.

Cuando la mujer abrió los ojos y vio frente a ella el rostro de Docán iluminado por la hoguera se asustó e instintivamente llevó su mano en busca del arma que debía estar en la vaina colgada de su cintura.

-Buenas noches… -El viajero se levantó, tiró de ella para bajarla de Fero y cuando vio que la mujer se sostenía en pie por su cuenta se sentó y volvió a mirar al fuego. -Sí Diana, fui yo quien acabó con los bandidos que asolaban el valle, y no es algo de lo que me arrepienta.

Diana estuvo tentada de marcharse, pero sabía que si seguía con vida era porque aquel hombre había querido.

-Siéntate y come un poco. -Ofreció el viajero señalándole la carne que había sobre el fuego. -Has gastado mucha energía en el combate de antes.

Sin hacerse de rogar Diana cogió un trozo de carne de la hoguera y la mordió con ansia. -Mi madre me habló mucho de ti, pero jamás pensé que serías tan…

El viajero sacó un brazo de la manta para rascarse la frente y señaló con el pulgar la calavera que tenía sellada en el pecho. -Por culpa de tu madre tengo esto en mi cuerpo. -La joven no pareció sorprenderse pese a haberse asustado al verlo por primera vez.

-Lo suponía… -Se llevó una mano al estómago. -Al igual que yo tengo este dolor por tu culpa.

-Maara… -Recordó los verdes ojos que lo traicionaron veinte años atrás. -Tu madre era muy fuerte, demasiado para lo poco que entrenaba.

-Bueno… -Se llenó nuevamente la boca de carne. -Según me contó, tu tampoco eras de practicar demasiado, según me decía, habías nacido con un don.

El viajero se limitó a sonreír con pesar.

-¿Porque no me has matado como a los demás? -Sus ojos de color esmeralda se cruzaron con la fría mirada de Docán.

-Por tu aura. -Respondió sin apartar la mirada. -El aura que te rodea es azul, y solo las personas nobles de corazón tienen el aura de ese color.

-¿Aura?¿Como una representación de mi espíritu?

-Algo así… -Suspiró y miró a las estrellas. -Desde que nací he podido ver el aura de las personas. Aquellos que tienen buen corazón, como tú, se rodean de tonos azulados que se hacen más fuertes cuanta más determinación acumulan en su interior. Luego también tienes a la gente mala, la cual se rodea de auras rojas y granates, las cuales se hacen mayores cuanto peores son sus corazones. -Diana escuchaba con atención cada palabra que decía el viajero. -Como todos los seres puros, los niños tienen las auras blancas, y a medida que van creciendo es cuando esas auras van tiñéndose de distintos colores. Y por el lado contrario, los demonios y personas con verdadera oscuridad en sus corazones tienen el aura negra, personas con las que es mejor no tener nada que ver.

-¿Y tú puedes ver el color de tu propia aura?

Docán entrecerró los ojos. -Sí, puedo. Pero no he visto jamás un aura como la mía en ningún otro ser, por lo que no se qué significa realmente.

-¿Cual es?

-Gris.

 

 

 

SI HAS LLEGADO HASTA AQUÍ, TE DOY LAS GRACIAS POR LEERLO, ESPERO QUE TE HAYA GUSTADO Y COMO SIEMPRE, ESPERO TU OPINIÓN Y APOYO.
¡HASTA LA SEMANA QUE VIENE!

 

PD: Podéis encontrar las imágenes que uso para publicar en https://pixabay.com/

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