Prólogo – El nombre de cuchillo

Los golpes en la mesa del despacho indicaban que algo no iba bien.

En el comercio de joyas, artefactos y antigüedades el precio de los objetos variaba demasiado en función de la procedencia de los artículos, la calidad, la certificación que garantizaba que el objeto en cuestión no había sido robado, el vendedor, el comprador, el establecimiento y la necesidad.

Como era ya habitual el día que el jefe echaba las cuentas del dinero, siempre faltaba alguna que otra moneda y la culpa se la achacaba a su única empleada, Naja.

Esta joven muchacha de doce años llevaba más de dos trabajando allí a cambio de comida y un lugar donde dormir, pero con el tiempo sus sueños y ambiciones habían crecido más allá de comer y dormir en aquella tienda llena de oro.

-¡Naja! -Gritó el dueño del establecimiento. -¡Ven ahora mismo!

La niña dejó el trapo con el que limpiaba un candelabro de plata con remates azules, sacudió el polvo de su corto pelo negro y suspiró sabiendo lo que le esperaba. Los primeros meses que había sido llamada de esas formas temblaba desde que escuchaba los golpes en la mesa, pero su carácter se había endurecido con el tiempo y ahora afrontaba los problemas de otra manera.

Cruzó toda la tienda con la cabeza bien alta mirando con curiosidad los artículos nuevos que había sobre las estanterías y cuando llegó a la puerta del despacho suspiró una vez más mientras golpeaba la puerta con los nudillos de la mano izquierda.

-Entra… -Escuchó desde el otro lado.

Naja giró el picaporte y entró al despacho sin bajar la cabeza.

Su jefe estaba sentado en un sillón de cuero negro frente a una pesada mesa de madera con rosas talladas en cada minúsculo espacio de la misma. Sobre la mesa había diferentes montones de monedas separadas en monedas de oro, plata y cobre.

-Cierra la puerta. -La voz de su jefe no admitía replica.

-¿Sucede algo señor Estembar? -Preguntó la joven mientras cerraba la puerta del despacho.

-¿Te burlas de mí? -Se levantó del sillón, bordeó la mesa y se acercó a Naja mientras le daba la vuelta a los anillos de oro con piedras preciosas que tenía en la mano. -Sabes muy bien qué es lo que pasa.

Sin pensarlo un solo momento el hombre propinó una bofetada a la niña que cayó al suelo apoyando las manos.

-Faltan más de cincuenta monedas de oro en ese montón. -Señaló la mesa llena de dinero. -Y como yo apunto hasta la última moneda de cobre que entra y sale de aquí, solo hay una explicación. -Se agachó y miró a la niña que lo desafiaba con la mirada. -Me estas robando.

Cogió a Naja del pelo, la levantó y se contuvo para no volver a abofetearla.

La joven se llevó las manos a la mejilla donde le había propinado el golpe, cerró sus ojos azules y respiró intentando aguantar las ganas que tenía de contestar a aquel hombre adulto y fuerte.

-Quizás… -El hombre, que ya se había dado la vuelta para sentarse paró en seco al escuchar la voz de Naja. -Si el señor no viniera a trabajar la mitad de los días borracho y apestando a vino, podría llevar … -Incapaz de escuchar una palabra más, el hombre se dio media vuelta y abofeteó a la niña dos veces más.

-¡Cierra la boca, niñata desagradecida! -Los gritos podían escucharse desde la calle, en la cual el encargado de encender el fuego de los faroles terminaba su ronda. -¡De no ser por mí habrías muerto de hambre, frío o alguna enfermedad hace ya mucho! -Naja calló.

Sabía que por mucho que estuviera en el suelo dolorida, cualquier palabra que saliera de su boca solo haría que el hombre la golpeara otra vez más.

El hombre se sentó en el sillón nuevamente, coloco bien sus anillos, bajó las mangas de la camisa y echó el pelo hacia atrás con la mano haciendo que sus rubios cabellos cayesen por detrás de las orejas. -Vamos a hacer una cosa… -Se abrochó las mangas de la camisa. -Este mes vas a comer una vez cada dos días para pagar tu deuda, y si el mes que viene sigue faltando dinero, será una vez cada tres.

Naja se levantó del suelo haciendo un extraño movimiento con la mano que el hombre no vio y cuando estuvo completamente de pie asintió.

-Eso es todo, ya puedes seguir limpiando. -Actuó como si no hubiera pasado nada.

La joven salió y cerró la puerta con cuidado. Sabía que por mucho que fuera de noche, el señor Estembar tardaría un buen rato en marcharse, por lo que fue hasta su pequeño rincón en la esquina del almacén de la tienda, en la que tenía colgada una manta desde una viga del techo hasta el suelo para evitar que cualquier persona que entrase allí viera el montón de paja y telas rotas sobre el que dormía Naja. La joven miró a todos lados y se quedó en absoluto silencio. Cuando comprobó que nadie podía observarla sacó de su boca dos monedas de oro que había encontrado bajo la mesa la segunda vez que su jefe la había pegado.

-Menudo idiota… -Sonrió con la cara hinchada. -Pero… -Las lágrimas que había mantenido a raya en el despacho salieron de golpe. -Ya no puedo más…

Después de desahogarse usó el vestido que había confeccionado ella misma para limpiarse la cara en medio de la oscuridad que había en el establecimiento.

Cerrando los ojos para concentrarse mejor, metió la mano en el centro del montón de paja y sacó un morral lleno de cortes, manchas de sangre y el cierre de un bolsillo pequeño del lateral roto. Le costó sacarlo por lo que pesaba, pero al moverlo no hizo ningún ruido, porque Naja había envuelto cada moneda que conseguía en tela para evitar el choque metálico entre ellas. Desde que vivía allí tenía claro que el valor del dinero era el más alto que conocía, escuchando conversaciones entre clientes y su jefe le había quedado claro que todo tenía un precio, y esperaba que el día que pudiera salir de allí no tuviera que pasar hambre nunca más.

Temerosa de que descubrieran su pequeña fortuna, Naja guardó las dos monedas que había robado, escondió el morral y encendió una vela en el candelabro que iluminaba la puerta del despacho para seguir limpiando y ordenando la tienda hasta que se marchase su jefe.

 

 

-Marcho por hoy Naja, -El hombre sacó un llavero con muchas llaves y usó una para cerrar la puerta del despacho. Acto seguido sopló la vela que sostenía Naja mientras limpiaba con la otra mano. -mañana cuando vuelva te quiero ver limpiando. -Se colocó bien el abrigo que marcaba lo musculoso que era y cuando salió de la tienda candó la puerta dejando a la niña encerrada otra noche más.

Días atrás Naja había encontrado un libro muy interesante limpiando la estantería donde los guardaban y pese a no saber leer rápido ni bien, en el orfanato le habían enseñado a defenderse con la lectura. Cuando se aseguró de que su jefe no iba a volver, fue a la entrada del despacho y encendió la vela en el candelabro. Sin perder un solo momento fue a por el libro que había empezado a leer y se lo llevó a su rincón en el almacén.

Las tapas del libro estaban cubiertas con cuero marrón basto, sin ningún tipo de decoración ni título. Naja lo abrió por el índice y volvió a echarle un ojo a todos los capítulos que tenía el libro, los cuales estaban enumerados como reglas, que iban desde la regla numero uno hasta un número que ella desconocía. Pasó las páginas y fue directamente hasta la introducción en la que el autor, que se hacía llamar cuchillo, empezaba a narrar su vida y como había pasado de robar pan en su barrio, a ser el líder de su propia organización criminal.

 

Puede que aquel libro no fuese más que una obra de algún escritor con exceso de imaginación, pero a Naja cada palabra que leía le llegaba al corazón.

 

Aquella noche algo en su interior cambió y se juró a si misma que antes de que su jefe volviera a ponerle la mano encima saldría de allí, no sin antes hacerle pagar por los dos años de sufrimiento que le había hecho pasar.

 

 

SI HAS LLEGADO HASTA AQUÍ, TE DOY LAS GRACIAS POR LEERLO, ESPERO QUE TE HAYA GUSTADO Y COMO SIEMPRE, ESPERO TU OPINIÓN Y APOYO.
¡HASTA LA SEMANA QUE VIENE!

PD: Podéis encontrar las imágenes que uso para publicar en https://pixabay.com/

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