La dama y el enano

Como tantos otros días de invierno, cortos y llenos de frío, la taberna estaba repleta de estúpidos hombres borrachos que buscaban calor en las piernas de cualquier muchacha, y destrozaban con sus roncas gargantas las hermosas canciones compuestas por algunos de los bardos más famosos de la ciudad.

El “Tonel Bodel” siempre había sido así, desde que fue fundado por Melania, madre de la actual dueña del local.

Por increíbles que fueran las historias que contaban todo tipo de aventureros que pasaban allí las noches, las únicas historias que quería escuchar la nieta de Melania se las contaba ella, en algún lugar del establecimiento, en el que una vez por semana se escondían las dos. Mientras una entrecerraba los ojos y relataba una historia que jamás había contado a nadie, la otra escuchaba con mucha atención, fundiéndose con las hermosas e inigualables palabras de su abuela.

-¡Hoy, hoy! -La pequeña de pelo largo rubio y rojizo tiró de la falda de Melania, que estaba sentada en su alcoba. -¿A dónde iremos hoy?

La anciana respiró con tranquilidad y le cogió la mano a su amada nieta.

-Pequeña mía… -Acarició su mejilla sonriendo. -Ya hemos hecho esto muchas veces… tienes que dejar que me relaje… deja que el silencio inunde la habitación… permite al universo crear un espacio propicio que nos permita embarcarnos en  otra de nuestras aventuras… no imposibles, pero si inventadas… -La joven asintió y aguardó pacientemente las palabras que las llevarían a ambas muy lejos, a un mundo nuevo, donde ella se sentiría la protagonista, y su querida abuela la voz que la llevaría siempre por el buen camino.

Tal y como quería Melania, el silencio se adueño del lugar. Ni los gritos ni los canticos de los borrachos podrían interrumpir ese ritual que había llevado a cabo durante este tiempo.

Respiró profundamente varias veces, le señaló a su nieta que se sentara bien, y comenzó a crear:

 

-¿Quieres seguir escuchando la historia de Tyr? La dama guerrera, conocedora de los hechizos, runas y grabados sin igual, poseedora de la espada sin vaina y amante de la aventura.

-¡Pues claro! -Contestó la pequeña. -¡Siempre me hablas de ella!

-¿Ah sí? -Sonrió. -Hoy te contaré cómo conoció a su mejor amigo, Dopr, un enano feliz y sociable, algo difícil de imaginar. -Se aclaró la garganta. -Todo empezó por una misión que no podía haber salido peor…

>>En la región de Gflent, muy lejos de aquí, en las tierras donde Tarcos y Elfos luchan entre sí por la conquista de los bosques y las montañas más hermosas del mundo, no había lugar para nadie de otra raza, y eso incluía a Tyr, una humana, la raza más débil y extinta de todas. Pero ella estaba llevando a cabo una misión, la cual requería llenar una cantimplora con el agua milagrosa del lago que había sobre la montaña Etra, y no iba a permitir por nada del mundo que un par de ejércitos se pusieran en su camino.

>>Pese a estar bastante lejos del campo de batalla, los estallidos que provocaban las catapultas élficas sobre las montañas de los Tarcos eran demoledores, hasta el punto de crear avalanchas a cientos de pies de distancia. En uno de los ataques, las piedras bajaron por la parte de la montaña que intentaba escalar Tyr y ella arrugó la frente molesta. “No creáis que esto me va a detener ¡Tarcos cabeza roca!” gritó. Poco fue el esfuerzo que le costó cerrar el puño e invocar su espada sin vaina, con la que lanzó una onda que hizo polvo todas las rocas que formaban la avalancha, se tapó los ojos para evitar que este se le metiera y siguió subiendo por la montaña Etra en busca del agua que le habían encargado.

>>Cuando logró subir a la cima de la montaña se encontró con un lago pequeño, en el que había algo chapoteando y riendo consigo mismo. Tyr se acercó lentamente, escondiéndose entre las piedras, que era lo único que había allí a parte del agua del lago y el ser que había en su interior. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para distinguir el cuerpo de un enano desnudo, ya era demasiado tarde. La joven preciosa de cabellos rubios rojizos, recogidos con una diadema de joyas en la frente y trenzados hasta las caderas se ruborizó. “¡Que se supone que estás haciendo!” le chilló. El enano, muerto de miedo, nadó rápidamente hasta sus pertenencias, y tapándose como pudo, buscó a quien había gritado. “¿Un enano asustado…?” Los únicos enanos que la preciosa joven había conocido eran rudos, testarudos y cabeza huecas. Él, sin ser capaz de localizar a la misteriosa voz que le hablaba, se limitó a vestirse mientras contestaba. “No dejéis, señora mía, que mi aspecto condicione vuestra opinión de mí.” Terminó de abrocharse los botones de la bragueta. “En apariencia soy enano, si, pero no tengo cayos en los dedos, ni barba, y para ser sinceros, huelo mucho mejor…”

>>Al ver al enano vestido con sedas, desarmado y portando un instrumento de diez cuerdas muy pequeño, acorde con su tamaño, decidió mostrarse. “Mi nombre es Tyr, y estoy aquí por un encargo, no busco problemas.” El enano, enamorado por sus ojos plateados sin igual, abrió la boca y se acercó varios pasos a ella. Vio cómo llenaba la cantimplora con el agua, cómo se mojaba la frente con el agua y cómo le daba la espalda para continuar su viaje sin detenerse ni un segundo para mirarle a él. “Señora mía…” la cogió de la mano. “Mi nombre es Dopr, y me dedico a viajar buscando la inspiración en los lugares más recónditos del mundo. Si no es mucha molestia ¿le importaría que la acompañase?” Sin mediar palabra alguna, Tyr invocó de nuevo la espada sin vaina y le ordenó que se mantuviera en silencio, pues habían llamado la atención de los Tarcos.

>>De las entrañas de la tierra aparecieron, cómo golems de piedra, altos y malformados, con relucientes ojos de diferentes colores que indicaban la magia que corría por su interior y los mantenía con vida. “Tres… no serán un problema” calculó Tyr sonriendo a su destino. “Insignificantes… Gruuan…” Dijo el Tarco más grande. Sin perder ni un segundo, Dopr se escondió detrás de Tyr, y se agazapó sobre sí mismo. “Pues si que eres cobarde…” suspiró frustrada al ver que compañero de viaje se había echado.

>>Los tres Tarcos se acercaron entre sí, y las piedras que los formaban empezaron a emitir rayos y centellas en todas las direcciones, desfigurándolos y mezclándose entre sí, para acabar formando un solo ser tres veces más grande y poderoso, con las magias de sus corazones mágicos unidas en uno solo. “Sigue sin ser nada para mí.” Tyr sujetó la espada con la mano derecha y cerró los ojos, mientras con la mano izquierda frotaba el filo recitando su hechizo preferido. “Den farrah, nube de fuego, líquida llama, ¡invoco tu presencia en mi espada!”

>>El gigante Tarco fue el primero en atacar, pero su puño empedrado cayó al suelo derretido, volviéndose lava incandescente. No profirió ningún ruido, ya que una de las cualidades de los Tarcos es que no sienten dolor, pero si miedo, y cuando vio cómo la espada de Tyr pasó de ser de metal a volverse una espada de fuego negro, el Tarco salió de allí saltando montaña abajo.

>>Al ver cómo descendía el gigante ladera abajo Dopr se incorporó y agradeció a Tyr por salvar su vida, y desde entonces juró relatar todas y cada una de las increíbles historias que vivieran juntos. Ella, por otra parte, se encargó de que el agua de la cantimplora llegase hasta su cliente, que debía beber el agua más pura para eliminar un parásito que se lo estaba comiendo por dentro.

El silencio se adueñó de la sala una vez más, y las dos se mantuvieron en calladas, disfrutando del momento más esperado de cada semana.

 

 

SI HAS LLEGADO HASTA AQUÍ, TE DOY LAS GRACIAS POR LEERLO, ESPERO QUE TE HAYA GUSTADO Y COMO SIEMPRE, ESPERO TU OPINIÓN Y APOYO.
¡HASTA LA SEMANA QUE VIENE!

PD: Podéis encontrar las imágenes que uso para publicar en https://pixabay.com/

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