Espada sin vaina

Una vez más, abuela y nieta se escondían en la habitación para disfrutar de un viaje en el tiempo y el espacio. Habían pasado varias semanas desde la última vez que se juntaban allí, debido a los estudios de la pequeña junto a la exigencia de su madre.

Melania había preparado algo especial para aquella noche, pero estaba esperando a que su querida hija le subiera un vaso de agua caliente.

-¿Falta mucho? -Preguntó la pequeña temblando de emoción.

-Ten paciencia cariño… -Melania le acarició la melena rubia y rojiza. -La espera valdrá la pena.

Con dos golpes en la puerta, la dueña de la taberna llamó a la puerta antes de abrir y entregarle el vaso de vidrio a su madre.

-Aquí tienes, -dejó el vaso en la mesilla de madera marrón oscura. -aún está caliente, ten cuidado.

-Gracias hija mía, ¿quieres quedarte…? -Preguntó sabiendo ya la respuesta.

-Lo siento mamá, pero hay un grupo de enanos ebrios ahí abajo, y tengo que estar pendiente por si empiezan a pelear con alguien de… -Melania levantó la mano.

-Tranquila. -Sonrió ampliamente. -Lo entiendo.

Su hija se despidió, cerró la puerta y bajó a atender los asuntos de la taberna.

-¿Agua caliente? ¿Estás enferma? -Preguntó su nieta inocente.

Ella no respondió, se limitó a abrir uno de los cajones de su mesilla y sacó una pequeña semilla; con la mano que le quedaba libre cogió el vaso y lo colocó en el suelo.

-No te asustes querida… -Melania se sentó en el suelo cruzando las piernas, se incorporó y apoyó la espalda contra la pared. -Parece que así no estoy tan mal… -Lo único que se interponía entre la abuela y su nieta era el vaso de agua, sobre el que la anciana soltó la semilla. -Atenta.

-No veo nada… -Contestó decepcionada.

-¿No…? -Frunció el ceño. -Tal vez hay mucha luz, levántate y apaga el candil que hay sobre la mesita, y el de la puerta también. -Su nieta asintió y sin perder ni un segundo se acercó a cada candil y los apagó.

Antes de poder sentarse en su sitio, en plena oscuridad, la semilla, que flotaba en el agua caliente empezó a desprender luces de todos los colores mientras se movía de un lado a otro del vaso de vidrio.

-Qué bonito… -La niña no fue capaz de cerrar la boca.

-Esto hará que tu imaginación hoy vuele más alto que nunca, siéntate y empecemos la historia, que se hace tarde…

Otro día más, el silencio se apoderó de la sala y Melania cerró los ojos para volver a crear otra historia que a su nieta no se le podría olvidar.

 

-Sé muy bien que recuerdas a Tyr: aventurera, guerrera, maestra hechicera… y poseedora de una espada que nadie más puede tener, ¿te acuerdas de como se llama esa espada?

La pequeña arrugó los labios y se llevó las manos a la cabeza. -Espada… espada… -Abrió los ojos y pegó un bote en el suelo. -¡La espada sin vaina!

-En efecto, la espada sin vaina, un artefacto que nadie sabe de dónde salió, ni que poderes oculta bajo su filo. -Melania abrió ligeramente los ojos para comprobar que la semilla de Inzalo seguía dando vueltas e iluminando la sala. -Pero lo cierto es que hay una persona que si conoce bien esa espada, y esa es la mismísima Tyr.

>>La historia de hoy nos lleva a un callejón muy estrecho y maloliente, en la inmensa ciudad de Metgen, una de las más hermosas e históricas ciudades del continente. Cuando era joven, Tyr no tenía familia ni amigos, y no hablemos sobre trabajo o techo. Tan solo contaba con una camisa raída, unos pantalones que no le llegaban ni a las rodillas y unos zuecos con agujeros en ambas suelas. Por si eso fuera poco, era humana como ya sabes, y los pocos humanos que quedaban en el mundo eran repudiados por cualquier otra raza.

>>Apoyada en un barril vacío, en el maloliente callejón, intentaba recuperar el aliento, mientras sonreía con todas sus fuerzas. “Esto no es nada… ” Dijo para sí. “Otro día más sin comer, solo significa que mañana tendré que comer más, eso es todo.” El estómago le dolía horrores, pero su fuerza interior no podía comprarse con la de ningún otro, y eso la había mantenido con vida todos estos años.

>>Cuando se recuperó, y vio pasar a los guardias enanos que iban tras ella, se dispuso a escalar por los ladrillos y las vigas de madera de los edificios que daban al callejón, para subir hasta lo más alto de los tejados y poder pensar un plan, otro día más.

>>A la luz de la luna, tumbada en el tejado de una taberna enana, Tyr escuchaba cómo los enanos bebían, cantaban y bailaban golpeando todo el mobiliario de la taberna, y sonrió pensando en el desastre que tendría que limpiar el tabernero antes de cerrar. Por un momento cerró los ojos y dejó que el cansancio y el sueño le hicieran dormir, pero un ruido casi imperceptible llamó su atención. Abrió los ojos y antes de intentar incorporarse vio como una daga apuntaba amenazadoramente a su tráquea. El miedo la paralizó por un segundo, pero se recuperó enseguida. El portador del arma vestía ropa negra ceñida, con un cinturón al que tenía colgados varios cuchillos, en la espalda un carcaj con siete flechas de punta revestida y una capucha que solo mostraba sus ojos verdes iluminados por la luna; la funda de la daga que apuntaba al cuello de Tyr la llevaba ajustada al pecho, en horizontal. “¿Que quieres? ” preguntó ella sin un atisbo de miedo en la voz. El agresor se llevó un dedo a la altura de los labios. “Silencio” contestó.

>>Los enanos alzaron más las voces, y desde el tejado de la taberna se podía escuchar, prestando atención, las cosas de las que hablaban. “¡Bastardo!” gritó uno. “¡Escúchame bien, cabeza hueca!¡Nadie podrá empuñar ese engendro!” contestó otro. Tyr había dejado de preocuparse por su vida al ver cómo su agresor prestaba más atención a las voces enanas que a ella. “Si no vas a matarme, deja de apuntarme con eso” ordenó ella desafiante, haciendo que el encapuchado volviera a prestarle atención. “Eres humana al fin y al cabo, sería un desperdicio matarte” El hombre guardó la daga en su funda y siguió escuchando a los enanos. “¿En el sótano de tu herrería? ¡Vamos ahora mismo!”golpeó la mesa y tiró toda la cerveza negra de Metgen a otro enano. La pequeña discordia que necesita un enano para pelear se encendió tan rápido como una antorcha bien untada en aceite, y la taberna acabó siendo un campo de batalla. Tyr distinguió la emoción en los ojos del encapuchado, que salió de allí corriendo y saltando por los tejados. “No te irás tan rápido” dijo para sí.

>>Después de pasar un buen rato saltando de tejado en tejado, el hombre misterioso se agarró a las cuerdas de una polea en un edificio en construcción y bajo hasta la calle por la que patrullaban dos guardias que no escucharon el ruido de sus pisadas, ni fueron capaces de verle escondido en las sombras de los edificios. Tyr por el contrario siguió corriendo por los tejados, sin perderle de vista. En cuanto el hombre misterioso se metió en un callejón, ella se buscó la manera de bajar agarrándose a los barrotes que tenían los balcones del edificio sobre el que se encontraba.

>>Una vez en el callejón, buscó señales de que el hombre hubiera estado allí, y rebuscando detrás de la basura y en las puertas, pudo distinguir una que parecía estar cerrada, pero no lo estaba. La abrió lentamente mientras se quitaba las botas sacudiendo los pies, y cruzó el umbral de la puerta dejándola entreabierta. En el interior de aquel edificio había varias velas encendidas, consumidas casi por completo, que se apagaron poco después de que ella entrara allí. “El sótano de la herrería…”dijo en voz baja. Mientras buscaba la puerta, poco a poco sus ojos se acostumbraban a la oscuridad y acabó siendo capaz de distinguir parcialmente la sala en la que estaba, un yunque con ornamentación, tenazas, martillos, y demás utensilios de herrería, un horno, un fuelle enorme, tan grande como el horno y detrás de todo eso, parcialmente escondida, la puerta del sótano.

>>Sé que no hace falta decir que Tyr jamás ha temido a lo desconocido. Sin pensárselo dos veces, se adentró en el sótano de la forja enana y a medida que descendía, los escalones vibraban emitiendo luces azules muy tenues, que bloqueaban todo tipo de magia. Cuando llegó abajo, una sala pequeña, de tres o cuatro metros de largo y ancho, iluminada por piedras anti-magia se abrió ante ella. En su centro, suspendida en el aire, se encontraba una espada única y maravillosa, forjada a partir de Mithril, gravada con runas que absorbían todo el poder mágico y lo confinaban en el interior de su filo, con mango recubierto de cuero demoníaco y con una joya azul tenue en su pomo. Hipnotizada por su belleza, Tyr se adentró en la sala, pero con el primer paso, un hombre vestido de negro la agarró por el cuello y la estampó contra la pared. “¿¡Qué demonios haces aquí!?” le gritó el hombre perdiendo los estribos. Ella intentó zafarse de él revolviéndose contra la pared, pero el encapuchado no se movió.

>>Mientras Tyr luchaba por seguir respirando, un grupo de enanos entraron en la forja alarmados. “¡La puerta estaba abierta Maestro Roorg!” Informó un soldado de la patrulla. “¡Hay que registrar el taller, puede que sigan aquí escondidos!” Ordenó Roorg, el afamado herrero de Metgen. “¿La puerta abierta?” Reprochó el encapuchado a Tyr “En menudo lío nos has metido niña” La soltó y se ocultó en la esquina de la puerta, esperando al grupo de enanos que más temprano que tarde bajarían a comprobar si la espada seguía en su sitio.

>>La joven vestida con harapos se quedó en el suelo unos segundos recuperando el aliento, y cuando escuchó las pisadas de los enanos bajando las escaleras, se le aceleró el corazón. “Ya puedes estar contenta chica, hoy habrá dos humanos menos en el mundo.” Las palabras de aquel hombre no afectaron a la muchacha, que tenía claro cuál era su objetivo en todo aquello, debía salir de allí con la espada en la mano y abandonar la ciudad, vender el objeto y poder comer todos y cada uno de los días de su vida. Agachada, se intentó acercar a la espada, pero la voz ronca del primer enano que entro en la sala la paralizó. “¡Maldita cría!” gritó Roorg llevándose la mano al cinto donde guardaba su maza. “¡Aléjate de mi espada!” Al escuchar las palabras del enano, el encapuchado se giró y vio como Tyr alzaba la mano para coger la empuñadura de la espada. “¡¡NO!!” Gritó desesperadamente llamando la atención de los enanos. “¡SI LA TOCAS MORIRAS!” Le advirtió, pero Tyr sabía bien que moriría de un modo u otro, por lo que se armó de valor y agarró la espada por el mango con fuerza.

Melania paró un instante para coger aire y respirar, pues la historia que ella misma contaba, empezaba a despertar sentimientos que llevaban muchos años dormidos.

-La joven muchacha, en aquel tiempo con pelo corto y sucio; rubio y rojizo, formó un vinculo con el arma, una cadena irrompible entre el objeto y su portador, que se selló con el dolor más intenso que jamás alguien había soportado. Desde la mano que agarraba la espada, calambres muy dolorosos recorrían el cuerpo de Tyr, haciéndola gritar con todas sus fuerzas, asustando a los estoicos enanos, y entristeciendo al encapuchado, que sabía bien que nadie podía aguantar el vinculo de la espada sin vaina.

>>Los ojos de Tyr, en aquel entonces marrones apagados, se volvieron plateados, del mismo color que tenía el filo de la espada; las runas que tenía gravadas en la hoja desaparecieron, y en ese instante el cráneo de la joven sintió el dolor de una explosión de pólvora en su interior. El dolor era inimaginable, pero Tyr no se rindió ni por un segundo, chilló y gritó tanto como su garganta le permitió, pero no soltó la espada. De la piel de demonio que forraba la empuñadura, salieron pequeños aguijones que se le clavaron atravesando su mano, y sellando el pacto con sangre; por último, la joya azul del pomo se evaporó y entró dentro de Tyr por su boca, abierta de tanto gritar.

>>En aquel momento el dolor desapareció de su cabeza, su vista se nubló por completo y en lo más profundo de su ser escuchó palabras en idiomas inexistentes, aprendió de la nada hechizos y magias, cosa que jamás había sido capaz de comprender. Abrió los ojos, y vio a cuatro enanos rodeándola y al encapuchado tirado en el suelo en un charco de sangre. “El ya no puede ayudarte” Amenazó el herrero sonriendo. Ella no le escuchó, su cuerpo empezó a moverse solo, se agachó y mientras sostenía la espada sin vaina en su mano izquierda apoyó las yemas de los dedos en el suelo y recitó: “Acros Magna, polvo de hierro y plata, ¡destruid cualquier arma por un enano creada!” Mientras decía estas palabras los enanos se echaron a reír. “En esta sala hay piedras mágicas suficientes como para bloquear la magia de un archimago, no creas que…” De repente, el enano notó que su arma pesaba cada vez menos hasta convertirse en polvo “No puede ser…” dijo perplejo. Tyr contempló como todas y cada una de las armas allí presentes se volvían polvo, incluidas las que tenía el encapuchado, todas, menos la suya. Se miró las manos y se dio cuenta de que la espada que sostenía en su mano izquierda no era la misma que había cogido, sus runas habían desaparecido, el mango estaba forrado un cuero normal, y no  tenía ningún tipo de ornamentación, pero podía escuchar cómo fluía la magia por su interior.

>>Los enanos, temerosos del poder inmenso que contenía la espada dejaron marchar a la chica, pero sabían que tarde o temprano sus caminos se volverían a cruzar.

Melania abrió lentamente los ojos, y se quedó mirando como la semilla terminaba de perder el brillo a la vez que el agua del vaso terminaba de enfriarse.

-¡Tyr es la mejor! -Exclamó su nieta metiendo un dedo en el vaso de vidrio para darle vueltas a la semilla de Inzalo. -Y sobre todo tú abuela, ¡tú también eres la mejor! -Saltó a sus brazos y la abrazó con fuerza.

Melania apoyó la barbilla en la cabeza de su nieta y la acarició suavemente, en silencio, como terminaban las historias cada semana.

 

 

SI HAS LLEGADO HASTA AQUÍ, TE DOY LAS GRACIAS POR LEERLO, ESPERO QUE TE HAYA GUSTADO Y COMO SIEMPRE, ESPERO TU OPINIÓN Y APOYO.
¡HASTA LA SEMANA QUE VIENE!

PD: Podéis encontrar las imágenes que uso para publicar en https://pixabay.com/

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